El color de las mujeres

El uso de los colores en el cine es siempre, en mayor o menor medida, deliberado, pero hay ocasiones en las que su asociación a uno de los personajes es tan fuerte que permanece en nuestra memoria tiempo después de haber visto la película, sin que seamos del todo conscientes.

Estas seis mujeres siempre irán ligadas a unos colores concretos, pero en ninguno de los casos la elección cromática ha sido puramente estética, sino que tiene un significado mucho más profundo.

Azul

El primer ejemplo resulta quizás demasiado obvio. La Julie de Juliette Binoche no podría relacionarse con ningún otro color que no sea el azul, empezando por el título mismo de la película de Kieslowski, Tres Colores: Azul.

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La primera reflexión nos llevará a relacionar el color azul con la depresión y la tristeza que rodea a la protagonista, y que de cierta forma envuelve toda la película. Sin embargo, el uso del azul en el film va un paso más allá. El director realizó su famosa trilogía de los colores en base a los colores que conforman la bandera francesa: azul, blanco y rojo, y a cada uno de ellos le asoció una de las características del lema oficial de la República Francesa: libertad, igualdad, fraternidad.

Así, el color azul permanece ligado a la idea de “libertad” a lo largo de toda la película, mientras la historia ahonda en el precio que el ser humano debe pagar para lograr una meta tan deseada como la de ser libre.

Verde y rojo

Esta vez no es un color el representante de una mujer, sino dos. Porque ella lo vale. Amelie es uno de los films más representativos del uso estético del color, y a pesar de hacer mucho uso de ocres y amarillos, el verde y el rojo impregnan constantemente la pantalla.

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Además de los exteriores siempre verdes y la casa de la protagonista, con paredes, sofá y cama completamente rojos, su vestuario a lo largo de la película no varía de estos dos tonos que definen por completo su personalidad. El verde representa la juventud, la esperanza y el idealismo atado a la naturaleza, mientras que el rojo, en contraposición, dota a su personalidad de pasión y vivacidad. También vemos que estos dos colores están presentes, no solo en el personaje de Audrey Tautou, sino en todos los lugares, personajes, vestuarios y objetos de la película, todo está de cierta forma contagiado de esa forma de ver la vida que tiene su protagonista. Esto nos indica que la historia la estamos viendo a través de sus ojos y la vivimos inmersos en su particular mundo interior.

Púrpura

Alice Walker, la autora del libro El Color Púrpura, dijo algo así como: “mujerista es a feminista, lo que púrpura es a lavanda”.

Hasta que en 1993 Steven Spielberg dirigiera La Lista de Schindler, ésta sería su película más dramática. En ella, este color nace desde el título y se expande por toda la película, tomando significados muy variados y siempre justificados.

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Al principio del film, el morado impregna los campos de flores y el cielo, dándole un significado de libertad y alegría que Celie comparte con su hermana, en contraposición al infierno que vive a manos de su padre. A medida que la película avanza, y la vida de su protagonista se complica, el color púrpura sigue estando presente en su vestuario, como un reflejo de la libertad que aún ansía lograr. En un momento dado, su hermana le dice a Celie que Dios castiga a aquellos que pasan por un campo de flores moradas sin prestarles atención, conectando así también este color a la espiritualidad. Ella responde nunca haberse dado cuenta, revelación tras la cual cambia su forma de ver la vida. El color morado pasa a representar su feminidad y la fuerza interior de toda mujer.

El único color que anula al morado en un momento concreto del film es el rojo, en la escena en la que Celie se da cuenta de la atracción que siente por su amiga Shug. Así, la espiritualidad y la persecución de la libertad, se ven por un momento desbancados por esa liberación sexual momentánea que el rojo representa en las dos mujeres.

Amarillo

En la filmografía del director de cine más oscuro y tétrico de nuestro tiempo, destaca una película colorida, viva y alegre como es Big Fish. En ella, el uso de los colores tiene muchísimo significado, diferenciando mediante ellos el plano real de la historia del plano onírico; la historia objetiva de Will, de los cuentos de fantasía narrados por Edward.

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De entre todos estos colores, Tim Burton destaca el amarillo, que en este caso sirve más como nexo de unión entre dos personajes que como representación de una mujer. El amarillo representa jovialidad, inteligencia e impulsividad, rasgos característicos del joven Edward. ¿Dónde está entonces el nexo femenino de esta representación? En la escena del campo de narcisos, este color que en la mitología griega representaba el amor divino más allá de la muerte, sirve como nexo de unión del amor entre estos dos personajes desde la juventud hasta más allá de la muerte, hasta la eternidad.

Así, el color amarillo de los narcisos no hará referencia a Edward o Sandra, sino a los dos como un único ente, como individuos despojados de su individualidad, entregados el uno al otro.

Rosa

Al igual que la historia que narra, la estética de Lost in Translation está dotada de una sencillez y naturalidad casi divinas. Si tuvieramos que elegir un adjetivo que definiera el film ese sería “sutil”, y si tuviéramos que asignarle un color a la película, ese sería “transparente”. Y precisamente en esa transparencia reside toda la belleza de la sencillez que la caracteriza, al igual que en sus silencios es donde encontramos toda su poesía.

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Sin embargo, hay ciertos planos concretos en los que el color rosa se convierte en protagonista, todos ellos ligados al personaje de Charlotte. En el plano inicial del film, vemos a Charlotte tumbada en la cama del hotel, usando ropa interior de color rosa, en una composición que parece inspirada por el pintor John Kacere. Más adelante, entre los fríos y poco contrastados tonos de la habitación del hotel, destaca una especie de móvil de papel también de color rosa, que Charlotte coloca deliberadamente sobre su cama, y una camisa rosa que lleva puesta mientras camina por las calles de Tokyo bajo un paraguas, en este caso, transparente. Por último, en la escena más reconocible de esta obra de la Coppola, Charlotte viste una peluca de color rosa mientras canta en el karaoke acompañada de Bob y un grupo de amigos.

La presencia sutil de este color parece representar la feminidad de ese personaje que se encuentra perdido en una ciudad desconocida, y perdido dentro de su propio mundo. Ese rosa que siempre aparece en presencia del personaje de Johansson, indica fragilidad y sensibilidad, pero también hace referencia a la dulzura y el deseo que siente de ser amada.

 

Rojo

Este rojo en concreto tiene nombre y apellido: es el Rojo Almodóvar. Si bien podría escoger uno de sus personajes femeninos y analizar el significado que el color rojo tiene sobre él, he decidido aunar a todas las mujeres Almodóvar contagiadas de este mismo color.

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Si analizamos las personalidades de estos personajes, veremos que son siempre apasionados y viscerales. Todas las mujeres Almodóvar piensan con el corazón, están llenas de fuego y vitalidad, y se dejan llevar por sus emociones antes que pararse a pensar dos veces lo que van a decir. El Rojo Almodóvar representa también el orgullo y el autoestima, el vigor y la sangre en los lazos familiares.

Desde la Lola de Mujeres, hasta la Magdalena de Los Abrazos Rotos, pasando por Becky del Páramo en Tacones Lejanos, Manuela en Todo Sobre mi Madre, o mi favorita entre todas, la Raimunda de Penélope Cruz en Volver, todas las mujeres Almodóvar están dotadas de una pasión que las hace ir en contra de las adversidades y las convierte en merecedoras de representar ese Rojo Almodóvar que ya es sello de la casa.

En la más reciente Julieta, además del poderoso plano inicial con el vestido rojo ondeante del personaje de Emma Suárez, hay una escena en la que este color cobra un mayor significado. En una visita que Julieta hace a la casa de sus padres, una escena nos muestra a las tres generaciones femeninas de la misma familia saliendo juntas por la puerta de la casa, dadas de la mano. Ninguna de ellas viste de rojo, pero sin embargo todas llevan este color en sus zapatos, como signo de los pasos firmes y fuertes que darán en sus vidas y, sobre todo, como metáfora de esa sangre que las une y no las separará, pese a las adversidades.

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